La catedral

El barrio de la Sé, formando parte de la zona de la Alfama, está ubicado en la parte meridional vuelta hacia el Tajo y en el se pueden reconocer muchos edificios de corte medieval. Allí puede encontrarse la Catedral de Lisboa, conocida también por el mismo nombre que el barrio. Así, la Catedral de Lisboa, la “Sé”, nombre derivado de “Sedes Episcopalis” o la iglesia de “Santa María” se erige como una de las principales atracciones con carácter cultural que visitar en la ciudad portuguesa. Su llamativa muralla y su imponente presencia son visibles desde gran número de zonas de Lisboa. Con unas formas arquitectónicas claramente románicas, es sin lugar a dudas la iglesia que cuenta con más tiempo de antiguedad, así como la más famosa, representativa y con más importacia de toda la ciudad.

Historia y características de la “Sé” de Lisboa

La Catedral de Lisboa fue construida aproximadamente en la mitad el Siglo XII por lo que cuenta con un estilo eminentemente románico. Sus impulsores fueron Alfonso Henríquez y Gilbert de Hastings, que en aquel momento ejercía el cargo de obispo en la capital de Portugal. La idea fue construir esta iglesia encima de lo que con anterioridad había sido una mezquita musulmana. Todo ello se decidió tras la reconquista de Lisboa frente a los musulmanes de la mano de Alfonso I que tuvo lugar en la Segunda Cruzada.

Primero, este monumento siempre fue denominado la Iglesia de Santa María Maior, ejerciendo las precisas funciones, pero acabando el siglo XIV terminó por convertirse en una catedral, en la primera catedral de Lisboa. Este edificio ha pasado por distintas fases y es por ello que pueden apreciarse en su construcción un gran número de estilos arquitectónicos muy diferentes. Desde el románico, visible totalmente en su parte exterior, en sus magníficas torres y su espectacular rosetón, hasta el gótico de su parte interna, con mucha más oscuridad y mucho más básico, sin tantos adornos.

Claustro

Una de las partes principales de una catedral, el claustro, es, en este caso, muy parecido al de otro de los monumentos arquitectónicos más importantes de Portugal, el Monasterio de los Jerónimos, aunque a tamaño más reducido. Presenta unas características de estilo manuelino y tras muchas investigaciones y excavaciones arqueológicas han podido detectarse restos de comunidades romanas, así como también antiguos restos de presencia árabe y de vida mediaeval en la zona. La visita a esta zona se realiza a un precio de 2,5 euros que vale la pena pagar. También requiere de pago la visita al Tesoro de la catedral. Ubicado en la parte más alta de la catedral, se trata de cuatro habitaciones en las que los turistas podrán vislumbrar diferentes artículos antiguos, de entre los que destacan manuscritos o vestimentas que tenían que ver con San Vicente.

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Sus torres con almenas otorgan al edificio una presencia imponente, de castillo o punto seguro, y pueden vislumbrarse desde casi toda Lisboa. Pero, al ver las campanas de las torres, así como el enorme, el viajero comprenderá que se trata de una catedral, y no de un castillo.

En las fachadas pueden apreciarse desde una gran puerta de acceso a esculturas visigóticas o hasta curiosas ventanas. En su zona interior, pueden observarse diferentes capillas góticas muy interesantes, donde los viajeros podrán descubrir maravillosos retablos o misteriosas tumbas. Concretamente se trata de nueve capillas, de entre las que más destaca, cabría reseñar la que contiene tumbas.  Allí descansan el caballero Lopo Fernandes Pacheco y también su mujer. En otra de ellas, todas coronadas con escudos de armas, sucede lo mismo con el rey Alfonso IV y su esposa Beatriz.

Posteriormente, esta catedral ha sido reformada y restaurada en muchas ocasiones, debido a distintas causas naturales, como fueron diversos terremotos y gran número de incendios que asolaron la ciudad portuguesa en los diferentes siglos, por lo que presenta estilos de construcción muy variados y arquitecturas de muchas formas diversas. Desde el gótico y el románico, hasta algunos toques barrocos. La última vez que ésta fue reconstruida data aproximadamente de los primeros años del Siglo XX.

Catedral de Lisboa y tranvía

Curiosidades

Existen varios datos curiosos acerca de la catedral, además de una anécdota importante. En primer lugar cabe reseñar que la Catedral de Lisboa ha debido de someterse a reformas en muchísimas ocasiones desde su primera construcción, sobreponiéndose a diferentes catástrofes naturales. De entre ellas, se incluyen tanto varios terremotos (como los que tuvieron lugar en el siglo XIV o el sucedido de manera más reciente en 1755) hasta los diferentes incendios que han tenido lugar en la capital de Portugal en diferentes años y a los que este edificio siempre se ha sobrepuesto.

La catedral alberga también el Tesoro de la Catedral, una especial colección con distintas vestimentas, reliquias y joyas de épocas muy diferentes. Pero, sobre todo, se trata de un tesoro muy valorado puesto que entre él se encuentran los restos de el patrón de Lisboa, San Vicente. 

La leyenda cuenta que dos cuervos protectores evitaron que el cuerpo del santo fuera devorado por unas alimañas tras su muerte, y que estos mismos animales custodiaron su ataúd cuando éste fue llevado a Lisboa. De aquí surgen los cuervos que pueden apreciarse en el escudo de la capital portuguesa.

Interior de la Catedral de Lisboa

Datos prácticos

En referencia a algunos datos prácticos sobre la Catedral cabe destacar que esta puede visitarse todos los días del año, de 9:00 a 19:00 horas, mientras el claustro, de pago, puede verse de 10:00 a 18:00, los domingos sólo por las tardes y en verano se añade una hora a este horario, y el tesoro, también previo pago de dos euros y medio, puede visitarse de 10:00 a 17:00, cerrando los domingos y los días de fiesta. La entrada general es gratis para todos los públicos y el paso a estas zonas especiales cuenta con el 50% para los estudiantes y los portadores del carnet joven.

Para llegar hasta la Catedral puede tomarse el tradicional tranvía, para lo que habrá que coger la líneas 28 (Sé) y la 12 o decantarse por el autobús, utilizando para ello la línea 37.

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