Antes de elegir un lugar donde comer en Lisboa, conviene hacer algunas apreciaciones, sobre todo si la visita es desde España. Lo primero que hay que tener en cuenta es que los aperitivos que nos ponen en la mesa no son gratis, ni tampoco el pan: se cobran al final y encarecen visiblemente la cuenta, aunque solo sean unas aceitunas, queso, mantequilla o patés. Mucha gente no lo sabe y se pone a comerlos pensando que son una gentileza de la casa, haciendo que les pongan cada vez más, retrasando la llegada de los platos principales y provocando que cada vez se tenga menos hambre, como es lógico. Si no apetecen, no hace falta pedir que los retiren: basta con dejarlos intactos y los camareros los retirarán al servir los primeros platos.

Otra equivocación frecuente de los españoles –no tanto de otras nacionalidades-  es irse de excursión o entrar en pereza y cuando van a comer o cenar, ya tarde, se encuentran con la comida cerrada. Hay que tener en cuenta que en Portugal la hora oficial es la misma que en el Reino Unido o las Islas Canarias (una menos que en la Europa central) y no hay costumbre, como en España, de comer más tarde de las dos o cenar después de las nueve. Al principio de la tarde se puede encontrar algún bar de aperitivos abierto con comida, pero si se quiere cenar de restaurante a última hora, va a ser muy difícil.

Por último, debe tenerse presente que, en Lisboa, el hambriento se encontrará con platos del día bastante copiosos en restaurantes normales y de aperitivos (snack bar). Así que mejor pensárselo dos veces antes de pedir un menú de dos platos para comer o con un entrante delante, porque puede ser demasiado. Es mejor pedir cada plato de uno en uno y luego decidir si se quiere encargar algo más o no, para no tirar el dinero, el tiempo y la comida.

Menús baratos

Si busca una comida de bajo coste en Lisboa, tiene varias alternativas. La primera es comer en las zonas de restaurante de los centros comerciales, que cuentan con una relación calidad precio bastante atrayente. Aparte, por supuesto, de las franquicias de comida rápida clásicas (McDonald’s, Burger King…) hay otras franquicias portuguesas bastante interesantes. Una es la lLja das sopas, que sirve una ración completa, capaz de sustituir a una comida, por unos tres euros. H3 Hamburger Gourmet cuenta con una carta variada, servicio rápido y un menú entero (hamburguesa, guarnición y bebida) en torno a los seis euros. Otra es la Companhia des Sandes, que sirve menús ligeros a buen precio (sándwiches, ensaladas, sopas…).

Aunque sin duda, para comer barato y bien, muchos se decantan por los snack bares, las cafeterías y algunas pastelerías, aunque no sean de postín. Al igual que en otros países, suelen anunciar el plato del día apuntado en una pizarra o mantel de papel junto a la entrada, a menudo en forma de lista. Los hay por toda Lisboa y no debe dejarse engañar por su aspecto descuidado o la escasez de espacio: son recomendables. Un lugar muy concurrido donde se concentran suele ser la Rua de Portas de Santo Antao, en el barrio de la Baixa (zona muy turística por ser el casco histórico).  ¡Ojo! Muy pocos sirven cenas.

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Peixinhos da horta en Lisboa

Platos típicos

La comida más típica de Portugal en general y de Lisboa en particular es el bacalao, elaborado de muchas maneras distintas: pataniscas de bacalhau (una especie de buñuelos), en ensalada, al horno con salsa, mezclado con otras cosas, dorado (en revuelto) y el tradicional con nata (sobre estas líneas). También soy muy de la capital los arroces, que suelen ser caldosos de pescado y marisco. Así, los podemos encontrar de pulpo, rape, pato, marisco… Entre los platos de temporada, sobresalen la sardina a la barbacoa (junio) y los caracoles.

Para los más carnívoros no es difícil darse un festín. Para empezar ligero, se puede pedir bife à Café (también llamado à Marrare), un filete a la sartén muy degustado con por los bohemios del siglo pasado. Aunque es más propia de Oporto, como combinado potente se puede probar la Francesinha, un monumental sándwich con huevo, jamón, queso y otros embutidos aderezado con salsa y patatas fritas. Otra especialidad foránea implantada en la capital y muy rica es la picanha brasileña, churrasco de vaca.

Los vegetarianos encontrarán que es difícil encontrar platos exclusivamente de verdura, que se suele servir más como acompañamiento de la carne y el pescado. No obstante, como capital moderna que es, existen restaurantes especializados, como el PSI, en el Jardim dos Sabores (visitado por el Dalái Lama), el Terra, en el barrio alto, o la franquicia Celeiro Dieta. Una comida típica de la ciudad son los peixinhos da horta, bolitas fritas de judías verdes.

Bebida

Recomiendan la cerverza del Barrio Alto, además de cócteles como la caipirinha, que han perfeccionado su elaboración gracias al ben hacer de los inmigrantes brasileños. No tanto las copas de alta graduación, de menor calidad.

Si se va a Lisboa, no se puede dejar de tomar un moscatel bien frío, un vino verde o una ginjinha (o los tres, por qué no) en algún local del barrio del Chiado. La ginjinha, un licor de guindas no especialmente típico de Lisboa pero sí ineludible, tiene su propio, pequeñito y acogedor bar, Ginjinha Espinheira, en el Largo de Sao Domingos, al noreste de la céntrica Plaza del Rossio. Se trata de una pequeña barra para tomar chupitos. Al que le guste, puede comprar una botella entera de recuerdo, pero es mejor adquirirla en otro sitio si no se quiere pagar la primada.

Pasteles belem

Postre y cena

Lisboa es una buena capital para golosos. En cualquier pastelería se puede pedir el delicioso pão de Deus, un bollo de crema al coco. Pero el territorio dulce por excelente es el barrio de Belém, famoso por sus pasteles del mismo nombre, absolutamente irresistibles. Se elaboran en una fábrica situada allí mismo, que vende cada día miles y miles.

Los pasteles de Belém, conocidos como pasteles de nata, son tortitas de crema pequeñas con pasta de hojaldre. Llevan también yema de huevo, leche y azúcar. Prepararlos lleva dos días y la base se hace a puerta cerrada, siguiendo una receta secreta, la misma desde hace más de 200 años, que se guarda con mucho celo.

Una zona recomendable para cenar es el Barrio Alto, que cuenta con restaurantes más detallistas pero un poco más caros que en otros barrios, como el Sinal Vermelho (Rua das Gáveas, 89) y el Lisboa à Noite (misma calle, 69). Podemos encontrar otros más pequeños y tradicionales con espectáculos de fado (algo que también hay en el barrio de la Alfma); es conveniente observar bien si se trata de una trampa para turistas. Un establecimiento especialmente interesante es la cervecería Trindade (Rua nova da Trindade, 20), especializada en mariscos, que cuenta con dos grandes ventajas: mucho espacio (ocupa el comedor de lo que fue un monasterio) y cocina que cierra tarde.

Sitios con solera

La terraza más popular de Lisboa es la de la escuela de circo Chapitô, cerca del histórico barrio de la Alfama y el Castillo de San Jorge, con unas espléndidas vistas sobre el río Tajo. Una zona de restaurantes abierta hace unos años, pero que se ha hecho muy popular para ir a comer fuera, es el Mercado da Ribeira, que vemos en la foto superior.

En el centro actual de Lisboa -al norte de la concurrida Plaza del Marqués de Pombal-, existen multitud de bares y restaurantes para almorzar, pero menos opciones para cenar. También en el centro se encuentra un establecimiento acogedor y económico, el bar de la Casa do Alentejo (R. das Portas de Santo Antão 58), que se encuentra tras un edificio que tiene poco de bar: un palacio árabe. Cerca de la catedral hallamos el Río Coura (rua Agusto Rosa, 30), destacado en arroz con marisco y con una estupenda relación calidad precio. Tampoco se puede pasar de largo en la Mouraria, llena de tascas de exquisita comida local.

Los turistas con más posibles pueden visitar alguno de los restaurantes más famosos de la capital, como el Bica do Sapato (Av. Infante Dom Henrique Armazém B, Cais da Pedra, cuyo dueño es el actor John Malkovich) o el Eleven (Rua Marquês de Fronteira, 1070-051), uno de los más caros de Lisboa, donde come la élite.

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