Lisboa, además de su gran clima, sus fados, sus múltiples encantos y su gran calidad culinaria, siendo sin duda una ciudad de contrastes, con muchos lugares que visitar, pero muy poco menos masificada que otras capitales europeas, cuenta con una gran riqueza arquitectónica que vale la pena conocer si dispones de unos días para disfrutar por la zona.

Iglesias, catedrales, torres, monasterios, murallas e infinidad de característicos edificidos se encuentran esparcidos por toda la ciudad, dotándola de un encanto y un espíritu especialmente característico. Aquí te presentamos algunos de ellos, los principales, los que no te puedes perder si quieres de verdad visitar y entender la ciudad de la luz como un verdadero y auténtico Lisboeta.

La Catedral

En la zona de la Alfama, pero más bien ubicada en el barrio de Sé, cuyo nombre deriva de las siglas de Sedes Episcopalis, se encuentra la Catedral del mismo nombre, también conocida por muchos autóctonos como la iglesia de Santa María, pues antes de convirtirse en catedral ejerció de iglesia. Cuenta con una espectacular muralla y unas torres que le dan aspecto de enorme fortaleza, por lo que, como se la puede vislumbrar desde muchos puntos de la geografía de Lisboa, a primera vista parece un castillo, pero una vez que se presta atención a su forma pueden apreciarse las campanas y el enorme portalón, que evidencian que se trata de un edificio de corte religioso. Se trata de un monumento que ha tenido que ser reconstruído muchas veces tras sufrir varias catástrofes naturales, de entre las que destacan unos cuantos terremotos y muchos incendios, por lo que en ella pueden apreciarse distintos estilos arquitectónicos que van desde el gótico, hasta el barroco, pasando por el románico. Las partes más importantes de La Catedral, de obligada visita, previo pago de dos euros y medio son sin duda el Claustro con restos de diferentes civilizaciones y el Tesoro de la Catedral una colección especial de diferentes ropajes, reliquias y joyas de épocas muy variadas, así como, entre estos tesoros se encuentran también los restos o reliquias de San Vicente, el patrón de Lisboa.

Torre de Bélem

La Torre de Belém

Otro de los símbolos de la ciudad, emplazada sobre el río Tajo, en lo que fue la playa de Restelo, lugar desde el que salían las carabelas que iban a viajar a otros continentes, es  sin duda la reconocida como Patrimonio de la Humanidad Torre de Belém. Esta construcción esta fechada en la era conocida como la de los descubrimientos. En primer lugar la idea de su construcción fue utilizarla como método defensivo y protector para el puerto (y aún pueden observarse los cañones durante la visita), pero más tarde fue utilizada como lugar para recaudar impuestos y también como cárcel.

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En la visita a esta torre, cuyo precio es de seis euros, podrán apreciarse la torre y el baluarte. La torre tiene cinco pisos, con distintas dependencias y una terraza, hasta donde se accede por el baluarte mediante una pasarela. Este edificio es especialmente bello gracias a su decoración exterior con piedras y muchas torres de vigilancia y distintas almenas y puntos que hacen referencia a las nuevas colonias, por ejemplo una original gárgola con forma de rinoceronte.

El monasterio de los Jerónimos

Este peculiar edificio también fue nombrado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y es, junto con La Catedral, sobre todo por su claustro aunque esta en menor grado, un gran ejemplo de la arquitectura y forma de construir manuelina. Se trata de un edificio que conmemora la era de los descubrimientos pues fue construído en homenaje a Vasco de Gama a su regreso de la India, financiando su construcción con impuestos que trajeron de aquel lugar.

El edificio está emplazado en el barrio de Belém, y cuenta con un claustro impresionante, con una decoración marítima en conmemoración a su origen, y manuelina, por el tipo de arquitectura, así como con una maravillosa iglesia con mausoleo. En una de las zonas está emplazado también el Museo Nacional de Arqueología, donde el visitante podrá disfrutar la historia portuguesa y de otras zonas del globo, desde el paleolítico y además en él se encuentran ubicadas las tumbas de Vasco de Gama, Fernando Pessoa y de Luís de Camões.

Monumento de los descubrimientos

El monumento de los Descubrimientos

Este tradicional aunque reciente monumento lisboeta, con 52 metros de alto, fue construído en 1960 en conmemoración a los 500 años del fallecimiento de Enrique el Navegante.

Sus impulsores fueron Leopoldo de Almeida, escultor y José Ângelo Cottinelli Telmo, arquitecto, quienes consigueron conformar un monolito de una carabela, a partir de una piedra gigante. En su espectacular obra aparecen representadas 33 personas diferentes que jugaron un papel importante en la denominada Era de los Descubrimientos, todas ellas con la mirada puesta en el Tajo.

El Castillo de San Jorge

El famoso castillo es otro de los imprescindibles de la zona pues, emplazado en la colina de San Jorge, la más elevada de Lisboa, vigila toda la ciudad. Data del siglo V y sus orígenes se remontan a los visigodos, aunque fue modificado por los árabes y posteriormente más tarde por Alfonso Enríquez hasta que en el 1938 fue restaurado del todo.

Toda la fortaleza es digna de visitar, pero destacan especialmente la Torre de Ulises y los jardines. El encanto principal de este lugar resultan sin duda sus espectaculares vistas, aunque también hay un museo y quizá también veas a algún músico de la calle alegrando el ambiente por alguna de sus zonas.

Elevadores tradicionales

Los elevadores o ascensores, aunque no constituyen “monumentos” propiamente dichos, realmente sí se han convertido en monumentos y emblemas de la ciudad portuguesa, tal como los miradores o los tranvías (medio transporte también imprescindible para desplazarse por la ciudad). Estos elevadores y ascensores, que surgen principalmente como medio de transporte para evitar las grandes, numerossas y empinadas cuestas de la capital, suponen una particularidad muy interesante de Lisboa que vale la pena pararse a apreciar y son también, desde hace algún tiempo, considerados patrimonio nacional.

El Elevador de Santa Justa constituye la principal atracción de este tipo, con 45 metros de altura, perfecto para conectar la zona de la Baixa con el barrio del Chiado. Este fue construído de forma eminentemente vertical. Es el único, porque el resto de elevadores o ascensores que existen en Lisboa son prácticos funiculares. El segundo de ellos es el Ascensor do Lavra, reconocido por ser el más viejo y con más historia de portugal, que sirve para enlazar sin demasiado esfuerzo la calle Camara Pestana con la calle Largo da Anunciada, a través de un recorrido curvo que dará a los turistas acceso a una preciosa vista panorámica de la zona en la que se encuentra ubicado. El tercero, el Ascensor da Bica, que sirve para unir de forma práctica la Rua da Bica de Duarte Belo y la de Cais do Sodré, es el más empinado de todos, pero también es el más popular. En cuarto lugar el Ascensor da Glória, cuya función principal es la de transportar a los viajeros y los autóctonos que así lo desean hasta el Barrio Alto, subiendo unos 260 metros en ascenso continuo.

Mirador de San Pedro de Alcántara

Miradores

Otros de los elementos arquitectónicos, que a su vez se constituyen también en elementos naturales ya que su uso está destinado principalmente a admirar la naturaleza, pero también las distintas zonas de la ciudad, son los miradores lisboetas, que destacan por su especial encanto.

Se trata de uno de los placeres más grandes con el que los viajeros pueden deleitarse, gracias a las espectaculares vistas, que se derivan de las empinadas calles. De entre estos, destacan, en primer lugar, el conocido Mirador de San Pedro de Alcántara, ubicado en el festivo Barrio Alto. Este se encuentra envuelto de hermosos jardines y de múltiples esculturas y cuenta con unas vistas espectaculares.

En segundo lugar el Mirador de Santa Lucía, caracterizado totalmente por su ambiente romántico, ideal para parejas, con el penetrante azul del río Tajo al fondo, tampoco dejará indiferente a nadie.

El Mirador de Gracia, en tercer lugar, ubicado en un lugar muy cercano al conocido Castillo de San Jorge, resulta ideal para visitar al atardecer mientras se disfruta de una exquisita merienda en su magnífica cafetería, al ritmo de una interesante conversación.

En cuarto lugar, el Mirador de Santa Catalina, sin duda uno de los que tiene más diferente encanto de toda Lisboa, que cuenta con unas bonitas vistas al Tajo y un ambiente muy abierto donde seguro habrán cientos de artistas componiendo, tocando sus tambores o componiendo sus poemas en un gran entorno.

En quinto, el Mirador da Senhora do Monte, el favorito de muchos, sobre todo de los amantes de la fotografía, puesto que las panorámicas que pueden sacarse desde este lugar no dejan indiferente a nadie.

Y por último, interesantes monumentos representantes o referentes del arte moderno y contemporáneo resultan el Puente Vasco da Gama, que es el más largo de toda Europa y también el Puente 25 de abril, el puente colgante con una longitud mayor de toda europa y primer puente de Lisboa.

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