Visitar la capital de Portugal en invierno puede ser una opción muy interesante por varias razones. En primer lugar, su clima mediterráneo hará que apenas notes el frío. Después, no tendrás que hacer colas: Lisboa es poco frecuentada en invierno, con lo que, si huyes de las multitudes, este es tu sitio. Tercera, precios reducidos: al ser temporada turística baja, todo estará más barato. Hoteles, tours, entradas, billetes de avión… La diferencia puede llegar a ser la mitad del precio original.

Además, es una ciudad con numerosas conexiones áreas, a la que es fácil llegar desde cualquier sitio. Por último, y en coherencia con lo segundo, disfrutarás de un mejor servicio: los hoteles estarán menos llenos y los tours menos abarrotados (y las playas casi vacías, si te atreves a ir), por lo que el personal podrá centrarse más en ti y atenderte en menos tiempo. No obstante, y por si acaso, mejor llevar algo de abrigo y calzado cómodo, pues es una ciudad, sobre todo en el casco histórico, con muchas cuestas.

Qué hacer en invierno en Lisboa restauradores

El centro histórico

Un lugar que no se puede dejar de visitar es esta Plaza de los Libertadores, con un monumental obelisco de António Tomás da Fonseca que conmemora la independencia del país respecto de la Corona española en 1640. En él encontramos alegorías de la Victoria y de la Libertad. A su alrededor, además de numerosos cafés y restaurantes turísticos, hay varios edificios del siglo XIX, entre ellos uno fundamental para el visitante: el Palacio Foz, donde tiene su sede la oficina de turismo de Lisboa. Cerca se encuentran la preciosa estación de tren de Rossio, de estilo moderno que imita al gótico, el también modernista edificio del Condes Cinema –ocupado ahora por el Hard Rock Café- y el elevador da Glória. Se trata de un funicular que nos transportará hasta el mirador de San Pedro de Alcantará, un magnífico jardín elevado desde el que disfrutaremos de las mejores vistas de la ciudad.

De los museos, cabe destacar dos: el del fado (con la historia de este género musical tan importante en Portugal, y exposiciones temporales sobre artistas específicos) y el Museo de Calouste Gulbenkian, con una enorme colección –una de las mayores de Europa en manos privadas- que abarca desde el año 2.000 antes de Cristo a la actualidad Warhol, Picasso, Dali, Duchamp o Pollock). Otros interesantes son el de Oriente, dedicado al continente asiático, y el de la Colección Berardo, a la arquitectura. Un detalle muy importante: los museos son gratis los domingos por la mañana.

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Por otra parte, al este, los barrios de Alfama y La Baixa (el casco histórico) son un museo abierto en sí mismo y muy animados por la noche. Allí está una de las localizaciones más conocidas de la ciudad, la Plaza del Comercio, repleta de restaurantes y tiendas de souvenirs.

Una tarjeta para todos los barrios

Para realizar todas estas visitas es muy recomendable adquirir una tarjeta Lisboa Card, que se compra por Internet para periodos de uno, dos y tres días (más barata cuantos más días sean). Permite la entrada gratis a muchos museos y monumentos, proporciona descuento en otros y pone a su disposición toda la red de transporte público.

Al Oeste encontramos el barrio de Chiado, la zona de tradición intelectual. Abundan las librerías y cafés literarios, como A Brasileira, con su estatua del conocido autor Fernando Pessoa. También aloja las ruinas del Convento do Carmo, hoy museo arqueológico. El lago de Camoes pone la frontera de Chiado con el Barrio Alto, zona de gran ambiente nocturno en Lisboa. Está repleta de bares de diversos estilos, con gente que alterna en las terrazas o fuera. Más que discotecas, encontraremos aquí un lugar donde charlar animadamente con una copa hasta horas no muy altas de la madrugada. Además, sus placitas, llenas de naranjas perfumados, son un lugar perfecto para hacer un alto en el camino.

En el extremo oeste hallaremos el barrio de Belém, cuyas visitas más interesantes son la fábrica de los pasteles del mismo nombre, el Monasterio de los Jerónimo, el Monumento a los Descubridores y la Torre de Belém. Algo más al norte, en la zona moderna de la ciudad y junto al río, sobresale el Parque das Naçoes, reformado tras la Expo mundial de 1998. Allí podemos ir de compras al centro comercial Vasco da Gama, ver deportes o conciertos en el pabellón Atlántico, admirar la Estación de Oriente –obra diseñada por el famoso arquitecto Santiago Calatrava- o perdernos con los niños en el Oceanario.

Oferta cultural y otros planes

Lisboa es una de las capitales más antiguas de Europa (fundada hacia el 1.100 a. C.) y está llena de historia. En el invierno tienen lugar en la ciudad varios acontecimientos de primer nivel: el evento ModaLisboa, la Lisbonarte (exposiciones de artes plásticas en las galerías de arte) y la Muestra de Teatro Joven. Y por supuesto, al final del invierno se celebra el apoteósico Carnaval de Lisboa, modelo para lo que después serían las fiestas de Río de Janeiro, pero mucho menos conocido.

Ya para viajeros de estancia larga, se pueden hacer planes para ir a, entre otros mucho sitios: el puente 25 de Abril (día de la Revolución de los Claveles), el zoológico de Lisboa, el museo de la electricidad, la Catedral da Sé, la estatua de Cristo Redentor, el atardecer en el Lago das portas do Sol, el mercadillo de Santa Clara los sábados y martes por la mañana, un espectáculo de fado, el Palacio da Pena de Sintra (reservando entrada con antelación).

Lo que comer y lo que no ver

La gastronomía de Lisboa es muy rica y variada, por lo que se merece un capítulo aparte. En general, si se quiere ahorrar dinero, es conveniente comer en las zonas lo más alejadas del centro posible, donde no nos aborden los camareros para ofrecernos un menú. Algunos de los platos típicos son el caldo verde, las sardinas a la barbacoa o el cocido a la portuguesa.

Una buena manera de hacer un recorrido turístico por la ciudad es subirse al tranvía 28, que para en muchos lugares de interés. Su fama tiene una contraparte importante: es muy frecuentado por los carteristas. Lisboa no es un lugar con grandes problemas de delincuencia, pero no está de más evitar las zonas del centro cercanas a las estaciones de Martim Moniz e Intendente.

palacio de los marqueses de Fronteira

Últimas paradas

El broche monumental a unas vacaciones invernales en Lisboa lo pone el palacio de los marqueses de Fronteira, uno de los rincones menos conocidos de la ciudad, escondido en el barrio de Benfica, al comienzo del Parque Florestal de Monsanto. Cuenta con un espectacular jardín plagado de estatuas y con un lago en el que veremos cisnes negros. El interior es un edificio clásico, del siglo XVII, monumento nacional. Si queda tiempo, una última visita interesante es la del Castillo de San Jorge de Lisboa, que se eleva en una colina sobre el estuario del río Tajo, en la desembocadura.

Si disponemos de tiempo para movernos por los alrededores, podemos visitar, a solo 20 km de la ciudad, el pueblo de Sintra –cuya parte antigua es Patrimonio de la Humanidad-. También están cerca los vistosos riscos del Cabo da Roca y el aristocrático Estoril, histórico lugar de exilio de la monarquía española durante la dictadura de Franco y cuyo casino inspiró una de las novelas de James Bond.

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