Acaba de llegar a Lisboa en avión, tren o coche particular. Si es la primera opción, tome el Aerobús hasta el centro; si es la segunda o la tercera, tome el metro o conduzca hasta la Plaza de los Liberadores, admire el obelisco a la independencia del país respecto de España en 1640, las estatuas y la arquitectura del lugar, y relájese mientras desayuna y lee esta guía de dos apasionantes días por la capital de Portugal.

Empezamos la visita en la zona vieja 

La mejor manera de comenzar sumergiéndonos en Lisboa es adentrándonos en la parte antigua, con sus azulejos de colores, sus puertas pintorescas, los detalles que no vienen en los mapas… y como sería agotador un tour a pie, optaremos por subirnos al tranvía 28, que pasa por delante de las principales atracciones del centro histórico. Parte de la Praça do Martim Moniz (un precioso rincón al norte de la Baixa, uno de los más importantes distritos históricos, centro turístico, comercial y gastronómico) y recorre los interesantes barrios de Graça y Alfama, además de acercanos a monumentos como el Panteón Nacional, la Catedral da Sé, el mirador de Santa Lucía o el Castillo de San Jorge, todos ellos visitables y proporcionadores de bellas panorámicas. En la Alfama, además de numerosas callejuelas donde perdernos, podremos encontrar tradicionales espectáculos de fado, el ritmo portugués por excelencia.

El punto clave de Lisboa, la foto que a todos nos suena, es la Plaza del Comercio. Con su estatua ecuestre de José I y el Arco de Trinunfo, está salpicada en sus alrededores de bares (guárdese de las ofertas en varios idiomas por el bien de su cartera) donde tomarse el licor de frutas típico, la gijinha, e interesantísimos edificios, como el Palacio de Foz (sede de la oficina de turismo de la ciudad) o la estación de Rossio.

Fotos de que ver en Lisboa en 48 horas

Recorrida esta zona, y bien comidos, pasaremos la tarde en el barrio de Chiado, la zona más artística. A él nos puede acercar el Elevador de Santa Justa, un funicular en el que merece la pena subirse. En Chiado abundan las tiendas y cafés literarios; un descanso nos lo podemos tomar mientras admiramos la ciudad desde el Mirador de Santa Catalina. La cafetería más famosa de todas es A Brasileira, en cuya entrada encontraremos la muy retratada estatua del poeta Fernando Pessoa.

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Tarde-noche bohemio-fiesta

Pasada la tarde y caída la noche, recomendamos atravesar el lago de Camoes para alcanzar el Barrio Alto, lugar de gran ambiente nocturno. Teniendo cuidado de no dejarnos la cartera por el camino, podemos cenar allí mismo. Si nos gusta el marisco y cenar tarde, nada mejor que la cervecería Trindade. Aunque si no queremos complicarnos, existen rutas guiadas por la hostelería del distrito, del que destaca su cerveza más que sus copas. Veremos mucha gente tomándose la consumición mientras charla en el exterior: allí es normal.

En el Barrio Alto hay movimiento desde antes de las doce hasta las cuatro de la mañana, cuando empiezan a cerrar los locales. Después, se pude continuar la noche en las discotecas. Bajo del enorme Puente 25 de Abril, en Alcántara, hay otra barriada de fiesta, con locales para todos los públicos. Más lejos, en el barrio de Santos, se hallan establecimientos famosos. Políticos y celebrities Kapital, una discoteca pija, cara y con porteros no muy agradables. La alternativa más popular es la aneja Plateau, siempre abarrotada a la entrada. Quizá la más famosa es Lux, en la estación de Santa Apolonia, cuyo dueño es el actor inglés John Malkovich. Ofrece un gran repertorio de ambientes y músicas y una terraza desde la que los más trasnochadores verán el sol brillar sobre el río Tajo.

Segundo día: cultura y viajes

Tenemos dos opciones para el segundo día: profundizar en Lisboa (Santos, Benfica, las partes más modernas, los museos.…) o visitar los alrededores. En el primer caso, recomendamos visitar el palacio de los marqueses de Fronteira, el barrio de Belém, la zona del Parque das Naçoes o el Museo de Calouste Gulbenkian, con sus magníficos jardines.

Que ver en Lisboa en 48 horas: Sintra

Si nos decantamos por las excursiones, la mañana y la comida deberán dedicarse a Sintra, a la que se puede ir en coche alquilado, en autobús o en tren desde la estación de Oriente. El casco histórico del pueblo es Patrimonio de la Humanidad y posee muchos y bellos palacios, como el de Pena, (antigua residencia de verano de la familia real portuguesa, en la imagen) y el Nacional de Sintra, en el centro.

Continuando el recorrido atrás, veremos algunos pueblos de la Sierra de Sintra antes de llegar al mar, donde nos esperan los fabulosos riscos del Cabo da Roca, desde los que podemos contemplar el Océano Atlántico desde unos privilegiados 140 metros. Se trata del punto más al Oeste de toda Europa continental.

Ya en el camino de regreso, se pueden visitar la Playa de Guincho, los acantilados de la Boca do Inferno y el simpático pueblo de Cascais. Una parada muy interesante es la villa Estoril, tradicional lugar de recreo de las clases dirigentes y durante muchos años lugar de exilio del conde de Barcelona, abuelo del actual Rey de España, y otros monarcas. Posee, además, un exquisito casino que inspiró una novela de James Bond.

Precauciones previas

Antes de pasar un fin de semana en Portugal, hay algunas consideraciones que debe tener en cuenta. En Portugal, es una hora menos que en España y en el resto de Europa occidental, por lo que no podrán retrasarse las comidas. Los “platos del día” de los bares y restaurantes son casi tan abundantes como un menú completo. Y Lisboa tiene muchas cuestas, sobre todo en la zona vieja, por lo que mejor evitar tacones o calzado de fiesta por la mañana.

Si vamos a desplazarnos mucho para visitar lugares y monumentos, es recomendable Lisboa Card, que otorga acceso gratuito a toda la red de transporte de Lisboa, e importantes descuentos, de hasta el 100 %, en museos y monumentos. Adquirible por Internet o en oficinas turísticas, cuesta 18,5 euros la de un día y 31,5 la de dos días de validez.

Aunque no vayamos a movernos demasiado, es recomendable de todas maneras comprar una de las otras dos tarjetas turísticas -la 7 Colinas o la Viagem- cargadas con un abono turístico diario de metro y bus, por 6 euros. Lo decimos porque sólo los autobuses, tranvías y funiculares venden billetes en efectivo; para todos los restantes transportes es imprescindible la tarjeta. Si volvemos por la noche antes de que abra el metro, a las seis y media, el taxi no será excesivamente caro.

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